Rêve.

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Estaba en una azotea, en medio de una reunión familiar, durante la noche.

De pronto sentí un impulso dentro de mi, que me llevaba de prisa hacia abajo, hacia el interior de la casa de una de mis tías. Algo – no puedo explicar que, pero era una especie de fuerza – me conduce hacia un gran ventanal, y me asomo a ver hacia afuera, luego hacia arriba… al cielo nocturno repleto de estrellas.

Lo había visto en la azotea, pero ahora tenía algo diferente.

De repente, ¡las estrellas se volvieron locas!

Empezaron a moverse, a girar, a dar vueltas y vueltas, dándome una sensación de alegría que no sabía que podía sentir. Pero en el fondo sabía, y sin explicarme cómo, que tanto alboroto era por mi.

Súbitamente, empezaron a formar un mensaje en el cielo.

Un mensaje para mi, oculto entre los caminos que forman las constelaciones que decoran hasta las noches más oscuras, enredado entre las estrellas; escrito en ellas con tinta invisible, y ahora estaba siendo revelado ante mis ojos en todo su esplendor.

Los astros contenían el siguiente mensaje:

-Has superado todos los obstáculos presentados, has pasado “La Gran Prueba”, y serás recompensada. Fuiste escogida desde el inicio. Naciste para hacer, dar y recibir grandes cosas, ahora estás finalmente lista para ellas.

En este momento, me parecía que las estrellas bailaban y la Luna me sonreía.

Mientras contemplaba la fiesta en el cielo, solo pude también sonreír y lágrimas de felicidad corrían por mis mejillas. Recuerdo que solo podía parpadear y observar el increíble espectáculo sobre mi.

Pero sobre todo, estaba agradecida con el Universo.

Pues, aunque así lo creamos a veces, nunca estamos solos.

Solo entonces…

Desperté.

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“Sólo se oirá la risa blanca de las estrellas
Persiguiendo a las sombras por todos los caminos.”
-León Felipe 

– Aquí les dejo lo que escuchaba mientras redactaba “Rêve”.

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